martes, 19 de marzo de 2013

Día 35: "Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza"

La fe... la esperanza. 

Quien no tiene fe y esperanza no tiene nada. Esto es lo último que se debe de perder en cualquier situación que se nos presente. 

Aunque sea difícil de aceptar, aunque creas que todo está perdido, recuerda permanecer siempre con la fe de que las cosas van a mejorar, de que lo vas a lograr, de que Dios no te desampara y por eso vas a triunfar, o en un caso lamentable, de que tendrás la resignación y la paz del Señor para seguir adelante luchando. 

Un gran ejemplo de fe fue nuestro padre Abrahán, quien creyó contra todo lo que se le abalanzaba. Aprendamos de él a siempre tener esperanza, a pesar de que otros te empujen hacia otra dirección con los ojos puestos en lo importante. 


Segunda Lectura: Romanos 4,13.16-18.22
"Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza"
Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: "Te hago padre de muchos pueblos." Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: "Así será tu descendencia." Por lo cual le valió la justificación.

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