Cuando estaba leyendo las lecturas de hoy para seleccionar que poner aquí, me encontré con una reflexión hermosa y la citaré en vez de reflexionar yo, creo que esta persona sabe más que yo de lo que se debe decir de esta lectura:
Extracto de una reflexión de la Parábola del hijo pródigo: Lucas 15,1-3. 11-32
Son muchas las lecturas a que se presta esta parábola del “hijo pródigo”.
Sin duda, el centro es el Padre, como revelación del nuevo rostro de Dios.
Dios como padre de todos.
De los buenos y de los malos.
De los que se sienten incómodos en casa y se van, como de los que quedan en casa pero son incapaces de sentir el calor del hogar.
Personalmente, para hacerla actual, yo la llamaría la parábola de la “familia desunida”, símbolo de tantas familias nuestras.
Un hijo que busca la libertad y reclama sus derechos.
Un hijo que solo piensa en sí mismo,
Un hijo que no le importa el dolor del padre que lo ve alejarse de casa.
Un hijo que no le importa abandonar a su padre.
Un hijo que prefiere que sean las instituciones públicas las que cuiden del padre.
¿No es esta la realidad de nuestras familias hoy?
Los hijos lo primero que descubren no es el amor de los padres sino su libertad.
Ellos son libres.
La casa está bien para hotel.
Pero su vida está en la calle.
Familias en las que los hermanos viven también entre ellos como extraños.
Familias donde no existe el sentido de la fiesta.
Familias donde no se disfruta de la música y prefieren las fiestas nocturnas y esa música de ruidos hasta el amanecer.
No podemos olvidar, que Jesús nos quiere revelar el rostro paterno de Dios.
Pero tampoco podemos olvidar la verdad y la realidad de muchas de nuestras familias hoy.
Padres con corazones rotos.
Padres con los brazos vacíos porque no tienen hijos a quienes estrechar.
Padres con ganas de hacer fiesta en casa y no tienen con quienes celebrarla, porque sus hijos la están celebrando fuera.
Padres con tremendas ganas de que sus hijos salgan de esa nirvana de la droga.
Padres que no pierden la esperanza de que sus hijos tomen en serio la vida.
Padre:
Gracias, porque sé que tus brazos siempre me esperan.
Gracias, porque tu corazón no está enojado con mis aventuras.
Gracias, por tantos padres que como tú no pierden la esperanza con sus hijos.
Clemente Sobrado C. P.
http://www.iglesiacatolica.org.pe/liturgica_h.htm
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:- «Este acoge a los pecadores y come con ellos».Jesús les dijo esta parábola;- «Un hombre tenia dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:"Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde".El padre les repartió los bienes.Pocos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, partió a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y comenzó a pasar necesidad.Fue entonces a servir a casa de un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; pero nadie le daba de comer.Entonces recapacitó y se dijo:"!Cuantos trabajadores en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre! Ahora mismo me pondré en camino e iré a la casa de mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus trabajadores".Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y corrió a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.Su hijo le dijo:"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo".Pero el padre dijo a sus criados:"Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado".Y empezaron el banquete.Su hijo mayor estaba en el campo.Cuando, al volver, se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó que pasaba.Este le contestó:"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo".El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salio e intentaba persuadirlo.Y él replicó a su padre:"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con prostitutas, haces matar, para él, el ternero más gordo".El padre le dijo:"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado”».
¡Feliz y bendecido día!